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Zavalita y el zambo Ambrosio conversan en «La Catedral». Estamos en Perú, durante el ochenio dictatorial del general Manuel A. Odría. Unas cuantas cervezas y un río de palabras en libertad para responder a la palabra amordazada por la dictadura. Conversación en La Catedral no es, sin embargo, una novela histórica. Sus personajes, las historias que éstos cuentan, los fragmentos que van encajando, conforman la descripción minuciosa de un envilecimiento colectivo, el repaso de todos los caminos que hacen desembocar a un pueblo entero en la frustración. Podría verse el libro como testimonio de un tiempo concreto –lo es–, pero también y sobre todo como la vigorosa narración de unas vidas, de una experiencia en que los protagonistas se consumen.
Conversación en La Catedral dio fin al primer ciclo narrativo del maestro de novelistas que es Mario Vargas Llosa. Ahora, pasados los años, esta novela es algo más que un hito en el derrotero literario de su autor: es un punto de referencia insoslayable, un dato fijo en la historia de la literatura actual.