Entrevistas

Rosa Montero:

"El boom latinoamericano
terminó siendo muy folklórico"

 

Rosa Montero:
 

Entrevistar a Rosa Montero es una proeza para cualquiera, pero no porque sea una mujer difícil de abordar, sino por el trabajo que requiere seguirle el ritmo a su castellano lleno de dichos, que escupe más de 100 palabras por segundo.

 

Aparece como una exhalación en el lobby del hotel Hilton Guadalajara, donde se encuentra alojada para asistir a la Feria Internacional del Libro en esa ciudad, pues adora los festivales que humanizan la figura del autor. "¡Si hasta parecemos vendedores de borras! Se nos ve mucho más mortales y normales", señala mientras gesticula con grandilocuencia y le roba un trago de agua a su interlocutora.

 

Montero es ­aunque parezca una frase trillada­ un personaje escrito por ella misma. Y ella lo sabe, por eso se convirtió en la protagonista de unas memorias apócrifas que escribió de sí misma, con elementos de ficción, La loca de la casa (Alfaguara, 2003). Para la autora, la realidad y la fantasía son, casi siempre, lo mismo: "Lo que llamamos realidad está lleno de ficción, la memoria está compuesta por una cantidad de ingredientes imaginarios y nuestros recuerdos son una creación" Montero, periodista de El País de España y autora de la reciente novela Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara, 2009), encarna el personaje de una española que desde la niñez se sabía escritora: "Comencé a escribir de pequeña; la Rowling dice que su primera novela la ha hecho a los 6 años y que se trataba de un conejo que hablaba. Mis primeros cuentos los comencé a escribir a los 5 años y eran de ratitas que hablaban, siempre he escrito ficción y cuando decidí buscar un trabajo comencé a trabajar como periodista porque me gustaba escribir".

 

A los 18 años de edad había comenzado a trabajar en los medios de comunicación impresa de su país y su primera novela la publicó a los 26 años.

 

"En cualquier caso, el periodismo es un género literario también, como A sangre fría de Truman Capote", dice cuando se le pregunta por la relación entre el periodismo y la narrativa de ficción en su carrera.

 

Lo más insólito al hablarle es que, a veces, ella misma se pregunta y se responde. A continuación, la conversación consigo misma que mantuvo en la que a veces intervino una interlocutora.

 

­¿Cómo ve la literatura latinoamericana en relación con España?

­Maravillosa. Lo primero que tiene es que son muchísimos países, entonces hay millones y millones de ciudadanos que, yo creo, que tienen una vitalidad grandísima y hay mucha gente joven escribiendo muy interesante: Andrea Maturana, Guillermo Martínez, Juan Villoro, Jorge Volpi y Ángeles Mastretta. ¡Hay tanta gente que se me escapa!

 

­Muchos escritores latinoamericanos se han mudado a España para poder surgir en la profesión, ¿usted cree que la literatura...? ­Eso fue el boom latinoamericano, que fue convertido también en un fenómeno editorial.

 

De hecho, ahora los escritores latinoamericanos jóvenes escriben mucho sobre el boom y sobre lo que éste ha pesado sobre ellos de una manera negativa.

 

­¿Esa etapa se ha superado? ­Claro. El boom latinoamericano terminó siendo, no por los escritores sino por el manejo editorial que se hizo, una cosa muy folklórica, mientras que ahora hay una interrelación mucho más rica y mucho más real normalizada entre todas las literaturas españolas y a todas se las ve como más o menos lo mismo. Además, antes, en Latinoamérica tampoco se leían entre ellos, ahora hay un intercambio cultural mucho más rico, incluso con España.

 

­Pero hay muchos autores de la región que aún se quejan de que es difícil que los lean en España.

 

­Eso queda en la puñetera tiranía del mercado, que a lo mejor con el mundo virtual se facilite más el flujo de la información.

 

­¿Ve con optimismo el avance del e-book? ­¡Claro! La primera cosa buena que traerá ese nuevo soporte digital es el fondo editorial.

 

Vivimos en una tiranía del mercado en la que la inmensa mayoría de los libros, al cabo de dos meses, desaparecen y pareciera que no los ha visto nadie. En las librerías virtuales el fondo es inacabable, inabarcable e instantáneo.