No se trata de construir lectores, sino de cómo la lectura nos construye.        ¿Por qué no hay cada vez más lectores?        La educación es un recurso para la participación y no al revés.        La lectura no es ni un lujo hedonista ni una obligación escolar, es un derecho social.        El Poder indeterminado de los libros es incalculable.        En las casas donde no hay libros hace frío.        Nunca he tenido una pena que una hora de lectura no me quite.        Querer que haya lectores y no respetar la literatura infantil es un contrasentido en los términos.        Uno empieza a leer porque ve a alguien leer.        El poder indeterminado de los libros es incalculable.        Nunca he tenido una pena que una hora de lectura no me quite.        No siempre el que tiene mejor vista lee mejor.        Leeremos en la medida en la que la lectura nos resuelva problemas o nos divierta.        Quien regala libros reparte obligaciones.        ¿Conviene andar por la vida sin haber leído a Onetti?        Como a bailar bailando, a narrar se aprende narrando.        ¿Qué leen los que no leen?          
 
 
 

 Entrevistas


"La palabra alumbra y revela"


Autor: EDITORIAL SANTILLANA
Fecha: 30-05-2008


 
 
Entrevista a Laura Restrepo


La celebrada autora colombiana brindó una entrevista exclusiva para comentar su último libro en Venezuela, Olor a rosas invisibles (la tercera entrega de la Colección Llámalo amor, si quieres).

 

Tener un título de Laura Restrepo en una colección editorial es un lujo que no hay que desaprovechar. Por eso no es ninguna exageración decir que Llámalo amor, si quieres se puso las botas con la novela corta Olor a rosas invisibles, de la escritora colombiana ganadora del Premio Alfaguara de 2004.

 

El libro cuenta la historia de un viejo amor en busca de revancha: el de Eloísa y Luicé. Sin florituras, ni enojosos atajos, Restrepo traza una línea firme en donde dos personajes crepusculares vencen todos los obstáculos posibles para buscar una segunda oportunidad de final imprevisible.

 

 

Ante su relato resulta casi imposible no acordarse de la famosa pareja de El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez. ¿Cuánto hay de influencia u homenaje a este libro de su paisano?

Cuando un escritor de la talla de Gabo toca un cierto tema, pues le queda escriturado, como si tuviera la exclusividad, y más cuando se trata de una novela tan bella como El amor en los tiempos del cólera. Pero lo cierto es que hay mil maneras y enfoques para cualquier tema, y más si se trata de uno tan humano y cotidiano como es el amor entre gente mayor. Además, este pequeño relato mío habla también de otras cosas. Habla por ejemplo de una pieza musical, el famoso Adagio de Albinoni; del momento en que Luicé Campocé descubre que su amado Adagio de Albinoni, que oye religiosamente todas las noches, en realidad no es de Albinoni. El relato habla, además, del adulterio. Quise explorar una interpretación menos penalizada del tema. Es realmente el adulterio una puñalada en el corazón del cónyuge, o de la pareja? O habrá maneras menos melodramáticas de mirarlo… Nuestra cultura cristiana nos lleva a entronizar a la monogamia como supremo bien y a creer que la infidelidad es abominable e imperdonable…. Somos moralmente retorcidos, nos azotamos, nos llenamos de culpas. El sexo sigue pareciéndonos básicamente pecaminoso. Pero qué pasaría si nos preguntamos, por ejemplo, ¿a qué otra cosa estamos siendo fieles cuando somos infieles? No busco hacer una defensa del adulterio; más bien intentar el sano ejercicio de mirar las cosas con una óptica distinta a la propia. También podrías ver Olor a rosas invisibles como un cuento sobre el paso del tiempo…

 

¿Entonces el amor y la infidelidad no son conceptos excluyentes?

A lo mejor no necesariamente. Mira, a la hora de escribir, es fascinante tratar de vislumbrar los motivos de los demás. ¿Por qué la gente hace lo que hace? ¿Cuáles son sus motivos ocultos? Eso implica descifrar los esquemas lógicos y éticos de las otras personas. Nos resulta muy difícil, porque la tendencia natural es juzgar a todo el mundo según nuestros propios parámetros.

 

Hace unos días usted dijo que parte de la historia de Olor a rosas invisibles se la contó un desconocido en un aeropuerto, y que le llamó la atención esa visión masculina del adulterio. ¿Es diferente a la visión femenina? 

No hay una manera masculina y otra femenina de ver las cosas, eso son simplificaciones. Pero en este caso tengo la sensación de que las mujeres tienden a tomarse el adulterio como una afrenta devastadora, mientras que los hombres suelen verlo como algo más episódico, que no necesariamente echa por tierra su amor permanente. Digamos que   los siento menos apocalípticos al respecto. Al menos cuando se trata del adulterio que ellos mismos cometen; seguramente no son tan serenos cuando es su mujer quien lo comete. En todo caso, me llamó la atención el tono en que este señor me contó su historia; fue como si me abrieran una ventanita hacia el alma masculina, no siempre fácil de interpretar para nosotras, las mujeres. 


Para entrar en el tema de la colección, ¿cuán importante es el amor en su obra? Parece que muchos de sus títulos planean sobre ese territorio minado.

 Dime qué novela, en la historia de la literatura, no habla de alguna manera de amor, o de desamor… es inevitable, porque finalmente la capacidad de amar y la necesidad de ser amados es lo que más nos define como seres humanos. Alguien decía que toda novela es una novela de amor. 

¿Qué opina de Llámalo amor, si quieres?

Es una colección alegre y primorosa, una invitación a entrar en el tema y a disfrutarlo desde distintas ópticas. Me gusta que hayan incluido un texto humorístico, está bien romper un poco con esa imposición de tomarse el tema tan en serio. Me gusta además la idea de publicar masivamente buena literatura, porque implica confiar en la gente, en su capacidad de lectura. No es que la gente no lea, es más bien que editores y escritores somos torpes para llegarle a la gente. Esta colección intenta hacer las cosas de otra manera. Me parece un experimento delicioso.

 

¿Puede decirse que usted fue la madre de la colección?

En una de mis visitas a Venezuela nos pusimos a botar corriente con Pablo Doberti (Director General del Grupo Santillana en Venezuela), y después con Leonardo Padrón. Luego la idea fue tomando forma. 
 

 

 


 



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