Santillana Venezuela

4/23/2013

En el Día del Libro y el Idioma

Una reflexión sobre el futuro del libro y el libro del futuro

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Hace varios años se dio una interesante conversación entre Roger Chartier y Antonio Rodríguez de las Heras cuyas reflexiones aún siguen vigentes. A continuación les ofrecemos la transcripción: 

ANTONIO RODRÍGUEZ DE LAS HERAS:  Me parece que podríamos comenzar esta conversación tratando de acercarnos a la identidad del libro. ¿Qué lo define a través de sus cambios? Desde mi interpretación, el libro es la máquina de memoria más eficaz hasta ahora construida para confinar información. Por tanto, independientemente de los cambios materiales y morfológicos que se vayan a producir por efecto de la tecnología, tendremos libro si seguimos siendo capaces de mantener o mejorar la capacidad del libro códice para confinar información.

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"el libro es la máquina de memoria más eficaz
hasta ahora construida para confinar información"
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El artificio resultante de la intervención de la actual tecnología en el libro nos dará, casi seguro, un libro sin papel, posiblemente sin páginas también, un libro blando (que se podrá actualizar y quizá nunca terminar), un libro poliédrico (que se podrá abrir y comenzar a leer por distintas caras), un libro hipertextual (en el que los pliegues no estarán ya sobre el soporte sino sobre el texto, y que el lector irá desplegando con su lectura)... Pero para mí seguirá siendo libro porque cumple su función de confinamiento. Comprendo que una visión más exigente sobre la entidad del libro rechace el que sigamos hablando de libro cuando no hay papel, no hay tinta, no hay sensación táctil.

ROGER CHARTIER: Desde luego, se trata de un tema esencial. Por un lado, estoy de acuerdo con usted en que no podemos pensar que el libro sea necesariamente el objeto que reconocemos como tal. Desde mi punto de vista, que es el de historiador de la Cultura escrita, es evidente que una serie de rollos puede constituir un libro; del mismo modo que llamamos libro al objeto que conocemos a partir de los primeros siglos de nuestra era hasta el siglo XX o XXI, con sus hojas dobladas, sus páginas y su encuadernación; y podemos pensar, con algunos historiadores de la Antigüedad, que tabletas unidas pueden definir un libro. Así, no hay razón para no pensar que con la técnica electrónica el libro desaparece.

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"ahora un único objeto hace aparecer frente al lector
todas las clases de textos"

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Sin embargo, desde otro polo de la reflexión, estimo que, hasta el texto electrónico, ha habido algo común a todas estas otras formas de inscripción y transmisión de lo escrito: una relación visible e inmedíata, incorporada por parte de los lectores, entre tipos de objetos, clases de textos y prácticas de lectura. En el mundo de la circulación de los textos, tal y como lo conocemos, hay una evidencia que distingue a los géneros discursivos a partir de su propia materialidad: una carta no es una revista, que no es un libro o una ficha. Este sistema de distinciones materiales y textuales fue incorporado por parte de cada uno de los lectores, incluidos los que no pertenecen a los medios culto-letrados, y definía un orden de los discursos cuyas diferencias eran inmediatamente visibles a partir de la forma del objeto. Me parece que en el mundo digital esto cambia por dos razones:

La primera es que ahora un único objeto hace aparecer frente al lector todas las clases de textos. Textos de naturaleza, géneros y usos muy diferentes aparecen en la superficie de la pantalla de un mismo aparato, bien sea el ordenador, el portátil o simplemente el e-book. Esta sería una primera discontinuidad, que puede provocar en los lectores de hoy una cierta incertidumbre en cuanto a la jerarquía, clasificación, diferenciación entre los repertorios textuales, dado que se dan a leer sobre el mismo aparato, lo que no existía ni en la Cultura manuscrita ni en la Cultura impresa.

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"el lector se encuentra con un poder
sobre la apariencia, la estructura
y la identidad del texto que nunca encontró antes"

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La segunda razón estriba en que en este aparato las formas visibles de los textos son más o menos idénticas y remiten a las decisiones del lector. Es ésta una segunda discontinuidad, porque las otras formas de libro se daban a leer a través de una estructuración, de una materialidad que remitía a la intención del autor o más frecuentemente a las decisiones del editor y eventualmente de los que trabajaban en los talleres tipográficos. Aquí el lector se encuentra con un poder sobre la apariencia, la estructura y la identidad del texto que nunca encontró antes. Pero, a pesar de estas discontinuidades, considero que sí podemos y debemos mantener una categoría de libro inclusive en el mundo digital.

El desafío planteado hoy en día es el de los criterios intelectuales y, más aún, de los dispositivos técnicos que van a permitir esta inmediata percepción de las diferencias entre los géneros textuales cuyas formas y cuyo soporte son idénticos. Y ésta es una primera pregunta para usted: ¿cómo se puede pensar en el mundo digital, cómo se desplazan en el mundo digital las dos referencias que utilizamos implícitamente cuando hablamos de un libro? Si le pregunto si usted ha leído el libro de... me refiero implícitamente a un objeto que tiene una estructura tal y como la conocemos para el libro impreso y me refiero, al mismo tiempo, a la obra que este libro conlleva.

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¿Cómo se puede mantener la categoría de libro
como entidad textual en una técnica que la suprime
como materialidad particular?

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En general, si se pregunta a alguien si ha leído el libro de... no se refiere inmediatamente a una edición particular, sino a una entidad textual. ¿Cómo se puede en la cultura digital, no únicamente mantener, sino hacer visible para los lectores este criterio de coherencia, de identidad que llamamos libro? Lo que me preocupa detrás de este interrogante es una cierta inquietud o incertidumbre de los lectores que fueron acostumbrados a este sistema de relación inmediata entre materialidad de los objetos y el género de los textos, y que se enfrentan a una nueva forma de inscripción y transmisión de los textos en la que las distinciones tradicionales se borran. ¿Cómo, en su opinión, se puede mantener la categoría de libro como entidad textual en una técnica que la suprime como materialidad particular?

ARH: Creo que es imprescindible abandonar desde el principio cualquier tentación de trasladar la materialidad del libro a la materialidad de un ordenador. El libro que está llegando no es un ordenador, ni siquiera está en el ordenador; tampoco el libro de papel se transforma en un ebook, o tableta electrónica, del tamaño de un libro mediano, aunque algunos fabricantes pretendan hacérnoslo creer así poniéndole una tapa de cuero.

Hay que evitar quedarnos enredados en los cables y en los botones y en la carcasa de los aparatos electrónicos, y no pasar de ahí; el libro nuevo existirá más allá del ordenador, tendrá su lugar en el espacio digital. Lo que sucede es que necesitamos la ventana de una pantalla electrónica para asomarnos a ese espacio, sea la pantalla de un ordenador personal, de un e-book, o sea una pantalla flexible y manejable como el papel.

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"el libro nuevo existirá más allá del ordenador,
tendrá su lugar en el espacio digital"

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Al otro lado de la pantalla electrónica ha emergido un nuevo espacio, el digital, con propiedades distintas a las de este lado de la pantalla, a las de nuestro espacio tridimensional, y muy interesantes por las posibilidades que sugieren. Este espacio se muestra como un gran “atractor”, y así se está dando un flujo incesante de objetos, actividades y sucesos que pasan al mundo digital. Este fenómeno lleva muy poco tiempo, pero nos impresiona ver la cantidad de cosas que ya tienen su lugar en el espacio virtual... y es sólo el comienzo de la ocupación y colonización de un territorio en el que estamos aún en sus bordes. Pues bien, un objeto de la presencia e importancia del libro no podía quedar al margen de este desplazamiento, y ha pasado al otro lado de la pantalla.

Como todo lo que entra en un nuevo espacio, sus primeros movimientos son torpes e inseguros, y procura seguir el comportamiento que le ha servido en el anterior entorno; así, por el momento el libro se recrea en el espacio digital a imagen y semejanza del libro de papel, es como si la pantalla fuera un espejo con el libro secular en un lado y una copia virtual en el otro. Esto sucede con todas las cosas que están pasando al otro lado del espejo, pero en seguida abandonan tal simetría especular y van tomando otras formas, hasta entonces insospechadas, más adecuadas al nuevo espacio y, sobre todo, aprovechando las posibilidades que abren las nuevas condiciones del mundo digital. De tal manera que terminan bien alejadas de sus formas originales.

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"un objeto de la presencia e importancia del libro
no podía quedar al margen de este desplazamiento,
y ha pasado al otro lado de la pantalla"

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Todos hemos visto cómo ha evolucionado el periódico digital: en los primeros tiempos era una copia exacta de la versión en papel, pero progresivamente ha ido cambiando hasta tener una forma y organización que nada tienen que ver con las del diario que se distribuye en los quioscos, además de nuevas ofertas al lector. Lo mismo, creo, que va a suceder con el libro. Por tanto, me gustaría saber si estamos de acuerdo los dos en que no debemos identificar libro digital con ordenador, que el ordenador es sólo la interfaz material que nos permite acercarnos al libro, y a otras muchas cosas y actividades que residen más allá del ordenador, en el espacio digital.

RC: Desde un punto de vista teórico podría decir que sí, que no hay un ineluctable vínculo entre los textos o los libros electrónicos y una clase específica de objeto, de aparato que los vinculan o conllevan. Por ejemplo, toda la reflexión que se abrió a partir de la invención de la tinta y del papel electrónicos —por la gente del MIT— que proponen por primera vez, de una manera accesible al gran público, la idea según la cual, la transmisión electrónica de los textos no necesita obligatoriamente el ordenador, cualquiera que sea su forma. Este papel y esta tinta “electrónicos” pueden conllevar llegar a leer textos sobre un libro en la forma más clásica o sobre un fragmento de un vestido.

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"Para los lectores de hoy,
esta vinculación entre una materialidad específica
y una tipología de los textos
esta incorporada, interiorizada"

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Esto sería desde el punto de vista teórico, pero desde otro punto de vista, que es el de la historia de larga duración de las prácticas, es evidente que no se deshace sin más un mundo de referencias, de percepciones, de representaciones incorporadas. Para los lectores de hoy, esta vinculación entre una materialidad específica y una tipología de los textos esta incorporada, interiorizada. Me parece que aquí debemos reflexionar sobre las discrepancias o los desfasesentre este sistema de representación que tiene esta profundidad histórica y las propuestas de una nueva tecnología. En la práctica histórica se sabe muy bien cómo los usos siempre están en un desfase en relación con las técnicas, pero en este caso, según usted sugiere, no es únicamente una nueva técnica sino una nueva conceptualización de la textualidad, lo que es aún más fuerte.

De esta manera, me parece que el enfoque teórico-tecnológico no se aplica inmediatamente como una realidad sociocultural. Debemos reflexionar sobre esto, para evitar el riesgo de tomar lo virtual para lo real; es decir, como si estas definiciones nuevas del texto, este mundo en que la materialidad no tiene sentido, fuese ya un mundo presente dentro de las percepciones y representaciones de los individuos. Estimo, desde una perspectiva sociocultural, que debemos evaluar estos desfases y la importancia de los sistemas incorporados en relación con la textualidad.

Por otra parte...

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Si este artículo a despertado tu interés, continúa leyéndolo: descarga el pdf aquí.

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Fuente:
EL FUTURO DEL LIBRO y EL LIBRO DEL FUTURO
Una conversación entre Roger Chartier y Antonio Rodríguez de las Heras

LITTERAE. Cuadernos sobre Cultura Escrita, I (2001)

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Por: Antonio Rodríguez de las Heras

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